Maximizar el tiempo

Si algo tiene de buena la cultura actual es la capacidad de hacer de su esquizofrenia virtud y dejar un hueco para todo tipo de contradicciones. Una de ellas es la que no para de marcarnos formas contradictorias de relacionarnos con el tiempo.

Me resulta preocupante que el lema de las bebidas energéticas ya no sea el de exprimir la noche sino el espacio de trabajo. El lanzamiento en España de V – Energy Drink (no exento de polémica: incluso en Actuable hay una petición para que se retire una de las piezas de la campaña por considerar que crea estereotipos negativos de los trabajadores de L’Hospitalet) va asociado a rendir más durante la jornada como parte del proyecto de disponer de horarios razonables.

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Lo cierto es que en España tradicionalmente tenemos horarios más extensos, y la supuesta mejora que iban a introducir las tecnologías como herramientas para mejorar la productividad y facilitar la conciliación parece que ha ido más bien en la dirección contraria, como se analizaba en un artículo de Yorokobu del pasado mes de marzo, en el que se preguntaba por las nuevas formas de trabajo OAH (Open All Hours) y la necesidad de establecer barreras a estos con sistemas de OOOR (Out Of Office Repliers). Si nos movemos hacia profesiones directamente relacionadas con el mundo online como la requetetratada de community management, entonces el OAH parece no ya una exigencia, sino parte del sentido común.

Y, en paralelo, Flex tiene en marcha su maravillosa campaña de 40 días en la cama por un mundo Slow (Sra. Rushmore), nominada a los TheFWA (hoy son el site del día). De hecho, el lanzamiento del proyecto me gustó tantísimo que quería haberlo utilizado de excusa para informarme sobre el movimiento Slow. Una colega y buena amiga con la que siempre me gusta estar de acuerdo se me adelantó, así que os invito a que le echéis un ojo a la reflexión que hacía en su blog Sara Domínguez Martín sobre el tema.

Por mi parte, me quedo, como también me gusta hacer, con las preguntas. ¿Es razonable que tengamos que recurrir al café, esa droga mayoritaria del XX, o a las bebidas energéticas que quieren ser su equivalente en el XXI, para cumplir con nuestros horarios de trabajo? ¿Es razonable que nos sintamos culpables cuando le explicamos a un cliente que no trabajamos un fin de semana y que por tanto no tenemos tiempo de cumplir con un deadline imprevisto y con unas mínimas exigencias de calidad? ¿Es razonable que tengamos que seguir forzándonos a dormir seis horas diarias? ¿Es razonable que tengamos que ser aún más productivos para alcanzar un horario «europeo» considerando las tasas de paro actuales? ¿No sería mejor establecer primero el horario razonable, crear más puestos de trabajo y, de paso, permitir que el nivel adquisitivo general suba lo suficiente como para reactivar nuestras economías basadas en los servicios y otros productos que no son de primera necesidad?

No soy quién para aconsejar en este sentido, porque la verdad es que cuando no me meto en cien cosas no me siento yo misma, y cuando no trabajo un fin de semana acaba siendo porque estoy en un congreso sobre otro tema, y cuando termina el día me apetece aprender algo y no sólo ver una buena película. Pero creo que deberíamos obligarnos todos un poco a apagar esa adicción a lo urgente y dedicarnos a disfrutar el tiempo, y, por qué no, a perderlo. Para variar.