Super Size Me

Super Size Me es un documental de 2004, firmado por Morgan Spurlock. Su objetivo es poner de manifiesto el problema de salud pública existente en EE.UU. a raíz del aumento de la obesidad, analizando sus causas e identificando a los responsables.

Como podéis ver en el tráiler, la manera en que pretende conseguir esto es demostrando el daño que puede llegar a causar una dieta basada en la comida rápida, pasando treinta días haciendo tres comidas diarias en McDonald’s.

El propio documentalista es consciente de que se trata de un experimento «llevado al extremo», y así lo pone de manifiesto al final del metraje. No obstante, su experimento es ilustrativo de las consecuencias de la mala alimentación, como muestra la imagen inferior (extraída del documental): sólo en 30 días, consigue duplicar sus riesgos de fallos o enfermedades cardiovasculares, su hígado queda tremendamente dañado, y comienza a sentir síntomas de adicción a su nueva dieta.


Podríamos relacionar este hilo central con un modelo conductista de información (siguiendo la clasificación propuesta por Paulo Freire). De hecho, nos ofrecen imágenes detalladas de situaciones como el vómito del documentalista tras su primer menú tamaño gigante, la operación de bypass gástrico para reducir el estómago de un obeso que casi pierde la vista por su diabetes (ambientada musicalmente con una pieza de ballet, nada menos), y las pruebas médicas por las que pasa, incluido un examen rectal, imágenes a mi entender bastante innecesarias a nivel informativo. Hacia el final de la cinta, cuando los médicos indican que está corriendo riesgos muy serios y le recomiendan abandonar la dieta, la siguiente imagen que se nos muestra es la de Spurlok, con aspecto abatido, devorando el enésimo menú de McDonald’s, recubriéndose del halo del mártir que se juega su vida por la causa pseudocientífica a a que sirve su proyecto (y que podemos entender como un: «tú no tienes que hacerte esto a ti mismo, ya lo hago yo por ti»).

Además, se enuncian varias hipótesis conductistas sobre el consumo de comida rápida. Entre otras, consideran que la responsabilidad de McDonald’s es mayor que la de otros establecimientos por la relación que tiene con los niños: al ofrecerles zonas de juego, regalarles juguetes y organizar fiestas de cumpleaños, sostienen que acaban por crear una asociación mental con momentos felices de la infancia que se mantiene de forma inconsciente durante la edad adulta. Spurlok responde a esto que cuando tenga hijos les dará un puñetazo cada vez que pasen frente a un McDonald’s para que no caigan en esta dinámica, lo cual implica una visión de los consumidores centrada en el estímulo-respuesta.
Pero esta estrategia se combina con otras. El documental incluye escenas de animación que son más próximas al modelo bancario de información, en el que se elige qué información es relevante para los espectadores. Por ejemplo, en un determinado momento se habla de que «McDonald’s habla de sus consumidores habituales como heavy-users«, haciendo un juego de palabras con la obesidad presupuesta de dichos consumidores; se obvia el hecho de que heavy-users es un término habitual en marketing, no sólo en McDonald’s, en una deformación intencionada de la información. Estas piezas animadas son aparentemente ingenuas y presentan una situación desde un punto de vista maniqueo: en otra de ellas, los directivos de las empresas alimentarias aparecen como personajes obesos, que ríen a carcajadas mientras sacan fajos de billetes de sus bolsillos, en una comparación trivial con los funcionarios del gobierno responsables de las campañas informativas sobre nutrición, que aparecen como personajes ridículos, tristes, con enormes gafas y postura encogida.

Por otra parte, el mensaje final, y el más insistente, el único que apela directamente al espectador, es un mensaje que insta a informarse y tomar decisiones responsables. Se analizan los hábitos adquiridos en las escuelas, se recuerda la importancia de la Educación Física, se ofrece información sobre las calorías y los tipos de grasa, a través de un sistema de expertos encarnado en los médicos que asisten al documentalista: un médico de cabecera, una endocrina, un cardiólogo, una nutricionista y un fisiólogo y entrenador personal; así como fuentes de autoridad a nivel público y privado: Secretarios de Sanidad y profesionales relacionados con el tema: abogados involucrados en los juicios contra las cadenas de comida rápida, la novia de Spurlok (chef vegana), etc. El último mensaje del documental se dirige directamente a la audiencia, indicando que ese modo de vida es su responsabilidad y pidiéndoles que se planteen quién quieren que caiga primero: ellos mismos, o los gigantes de la industria alimentaria.

Y sin embargo, tampoco es muy evidente qué pretende conseguir el director. Pide a McDonald’s que elimine el tamaño gigante (Super Size), cosa que se consiguió seis semanas después del estreno; pero no hace ninguna petición al sistema educativo o a los proveedores de comida en las instituciones escolares, a las que también ha señalado como culpables. Finalmente, estamos en el mismo punto que en origen: la responsabilidad se ha privatizado, y el documental no deja de limitarse a ridiculizar a personas que llevan una dieta poco saludable (en las entrevistas callejeras que realiza en las puertas de los establecimientos) y de aportar información nutricional que cada uno debe elegir cómo utiliza. En todo caso, se puede indicar que Spurlok pretende instituirse en un modelo de conducta (también anima a sus espectadores a dejar de fumar, siguiendo su propio ejemplo, al principio del vídeo), pero en última instancia, es el individuo quien elige si quiere seguirlo o no. Y tras haber analizado un contexto del que se llega a decir textualmente que «viviendo en este entorno, es casi seguro que enfermemos», sorprende que no se moleste en hacer una petición un poco más seria, no sólo a sus audiencias sino a los que ha identificado como responsables del problema (y que lo han reconocido, como en el caso del representante de GMA, la asociación de la industria alimentaria estadounidense). Lo máximo a lo que podemos aspirar, parece ser, es a contentarnos con el despido de dicho portavoz, que obviamente no es sino un signo de la nula disponibilidad de la industria a cambiar de actitud, y, de nuevo, la personalización de la culpa de un sistema complejo con problemas endémicos en una cabeza de turco.