Por qué no vamos a arreglar esto entre todos

Ha sido un tema candente durante unas semanas. Luego, como tantas otras cosas, el bucle de la instantaneidad vacía la ha fagocitado. Me refiero a la polémica campaña de «estosololoarreglamosentretodos»(.org).

El pasado jueves veíamos en clase que lo que necesitamos es aprender a conocer los contextos que hacen posible una determinada enunciación, más que analizar los enunciados en sí, si no queremos dedicarnos a hacer análisis de estereotipos. Me ha parecido una frase bastante reveladora (es lo que tiene ser nuevo en esto. Uno va todo el día con la cara de iluminado por lo que ha oído o leído. Espero que el pensamiento crítico venga a redimirme algún día, porque no puedo seguir enamorándome de teóricos y profesores nuevos cada tres días). ¿De qué contexto hablamos?

En años recientes, representantes de todo el espectro político hablaban al unísono, con añoranza y deseo, de una «recuperación dirigida por los consumidores». (…) La esperanza de que (…) las cosas se reanimen se basa en que los consumidores vuelvan a cumplir con su deber: que otra vez quieran comprar, comprar mucho y comprar más. Se piensa que el «crecimiento económico», la medida moderna de que las cosas están en orden y siguen su curso, el mayor índice de que una sociedad funciona como es debido, depende, en una sociedad de consumidores, no tanto de la «fuerza productiva del país» (una fuerza de trabajo saludable y abundante, con cofres repletos y emprendimientos audaces por parte de los poseedores y administradores del capital) como del fervor y el vigor de sus consimidores. El papel -en otros tiempos a cargo del trabajo- de vincular las motivaciones individuales, la integración social y la reproducción de todo el sistema productvo corresponde en la actualidad a la iniciativa del consumidor.
Z. Bauman (2003; ed. orig. en inglés de 1998), Trabajo, consumismo y nuevos pobres. Barcelona, Gedisa, p. 48

Lo que me preocupa de esta campaña no es tanto el mensaje en sí o de quién venga dirigido (parto de la base de que los publicistas-publicitarios-comoquieraquenosllamenahora y los publirrelacionistas-relacionespúblicas-otrotantodelomismo hacen su trabajo, que lo hacen extremadamente bien, y que su trabajo obedece a los intereses de su jefe; lo que no tiene sentido es esperar que venga la publicidad a salvarnos del mercado). Lo que me preocupa, fundamentalmente, es su capacidad de atracción. Cuando mis amigos en Facebook, a algunos de los cuales considero ejemplos de pensamiento crítico, empezaron a hacerse fans de la campaña, fue cuando me eché a temblar. Empecé a preguntar por qué, y la respuesta vino a ser algo así como que «por fin alguien nos recuerda que se puede ser optimista con la que está cayendo».

El optimismo es una cosa peligrosísima, porque es muy difícil manifestarse en contra de él. Nos piden que seamos optimistas y felices, y a ver desde qué postura dices que no.

Pero yo no quiero ser una optimista y feliz consumidora. Lo siento, pero no. Y no me considero ni mucho menos marxista revolucionaria. Creo que el capitalismo hasta ahora ha dado muestras suficientes de flexibilidad como para creer que es un modelo modificable para que vuelva a ser sostenible. No hablo desde una perspectiva antisistema. Hablo desde la indignación total y absoluta sobre los excesos a los que hemos dejado que llegue el sistema.

Me niego a considerar «buenas noticias», como hacían al principio en la web (apartado renombrado con el menos polémico «Actualidad»), que las hipotecas vuelvan a concederse. El problema no es que haya menos hipotecas, el problema son las condiciones de las hipotecas, el sistema de la vivienda en general, la hiperinflación que ha sufrido un bien de carácter básico que, además, se legisló como derecho (art. 47 de la Constitución).

Y como eso, tantas otras cosas. El viernes, una compañera se sorprendía por la nueva oleada de pegatinas de «No vas a tener casa en tu puta vida«. Decía que no entendía que pudiera resurgir el problema de la vivienda cuando ahora mismo ni siquiera tenemos trabajo (también recogido como derecho, en el art. 23 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos). Efectivamente: no tenemos trabajo, no tenemos vivienda, y con el subsidio de desempleo pagamos alquileres a un nivel vergonzoso, con lo que llegamos a fin de mes a trancas y barrancas. En estas condiciones, ¿quiénes se creen que son para señalarme con el dedo y culparme?

El mensaje «Esto sólo lo arreglamos entre todos» tiene una lectura inmediata y obvia de culpabilización. Si esto no se arregla, es porque no estamos haciendo el esfuerzo que deberíamos. Y esto no es de ahora. Lo que vemos en el texto de Bauman es que es una constante de las últimas décadas. Ya no existen responsables. Ahora se lleva la responsabilidad individual y la responsabilidad social corporativa (que también es otro cantar. Estoy trabajando en ello junto a un compañero y espero poder ir avanzando sobre este tema). La responsabilidad del gobierno frente a los ciudadanos ha desaparecido. La responsabilidad corporativa sigue siendo un tema fundamentalmente de marketing, y no de ética de los negocios: o si no, que expliquen cómo es posible que los bancos que nos metieron en esto no hagan ningún tipo de revisión de conciencia y encima haya que ir a rescatarlos con dinero público para que no se produzca el crack del 29 (versión 2.0).

Lo que tenemos que plantearnos, para empezar, es si queremos que esto se arregle, o que cambie. Ya hemos visto lo que pasa cuando damos hipotecas a mansalva. ¿En serio podemos considerar una buena noticia que el mismo sistema, en las mismas condiciones, reanude su marcha? ¿No sería mucho mejor noticia que se realizase un pacto social sobre condiciones de acceso a la vivienda antes de que empecemos todos a comprarlas en pleno fervor entusiasta?

Si quieren que «esto» (que tal y como yo lo entiendo, es el subsistema económico en el que nos movemos) se arregle, quizá deberían pedírselo a los que salen ganando con ello. No a los parados, no a los que no tienen casa, no a los becarios, no a los que ya no son becarios pero siguen en situación de precariedad. Porque esos también forman parte de ese «todos», y estoy bastante segura de que no tienen ni un solo motivo racional para que esto siga adelante.

Enlaces relacionados:
www.estosololoarreglamosentretodos.org
www.estosololoarreglamossinellos.org
Páginas de Facebook contra la campaña:
Esto deberían arreglarlo los que lo jodieron
Estosololoarreglamossinellos.org