Algunos apuntes sobre el periodismo actual

Últimamente parecería que criticar el periodismo se ha vuelto un hobby. Ya tuvimos algunas enardecidas intervenciones en la asignatura para la que se hace este blog, a principio de curso. Unos meses después, un compañero del máster mandaba un enlace a Periodismo Humano diciendo que no sabía «si el periodismo puede ser humano, pero al menos las noticias que ofrece esta gente son distintas». Un comentario que he visto hacer en casi todos los enlaces a noticias de dicho portal de mis contactos en Facebook.
Mi problema con el periodismo, lo reconozco, es absolutamente personal e intransferible y viene de mi adolescencia, cuando una serie de diarios sevillanos (o en su edición Sevilla) cubrieron un suceso acaecido en mi entorno cercano con un sensacionalismo bochornoso, que hirió realmente a personas que me importaban. De hecho, es probable que en aquella época yo misma quisiera ser periodista, pero aquel hito me marcó de tal forma que desde entonces me siento incluso un poco agredida cuando me llaman periodista (cuando es la única carrera de las tres de Ciencias de la Información por la que no pasé; claro, que es complicado explicarlo cuando las otras dos son tan nuevas que un gran porcentaje de la población no las considera carreras universitarias).
Hace un mes, me enviaban esta «noticia» (no estoy muy puesta en el género, pero sospecho que no es una noticia), resumen de un capítulo de un reciente libro de Pascual Serrano sobre el debate actual en torno al periodismo. El caso es que el panorama que se dibuja en el texto es en parte esperanzador… Pero hay que creérselo. Finaliza diciendo que «No se trata de militancia, sino de de decencia. La decencia es lo que diferencia al biólogo que trabaja para una gran empresa de transgénicos o para una organización ecologista, al abogado que defiende los intereses de una multinacional o los de los trabajadores que exigen un sueldo justo, al militar que dispara contra el pueblo refugiándose en órdenes de superiores o al que combate al lado de la gente. Ninguno de ellos puede ser neutral, ni imparcial, ni objetivo.»
Mi pregunta es dónde se puede trabajar hoy día para hacer esa diferencia de ejercicio profesional. Porque mi problema, claro está, no es con los periodistas. Ni siquiera con aquellos que hace diez años metieron las narices donde nadie les llamó para dibujar a alguien de forma que se transformase en un personaje adecuado a su narrativa dramática cuando simplemente era una persona con un problema. Esos periodistas no tuvieron tiempo de hacer otra cosa. Ni les hubieran aceptado una cobertura de un suceso que se saliera del género suceso: drama, morbo, ejemplificación de la desviación social, etc.
Mi problema es, pues, el de todos: ¿existe alguna empresa mediática donde se pueda trabajar de forma «decente»?

La pasada semana, Guillermo Ortiz publicaba este artículo sobre Arcadi Espada y el caso Factual. Seguramente desde el desconocimiento del problema personal de Guillermo Ortiz con Factual (al final, todo parece convertirse en problemas personales) el post destile una belicosidad innecesaria, pero, por favor, quédense con las conclusiones. Un proyecto de periodismo diferente, que se anunciaba pomposamente como «El periodismo no se vende. Se compra», convertido en una especie de microestafa a todos aquellos suscriptores que confiaron en que una independencia del anunciante significaba algo, a todos aquellos colaboradores que quisieron ejercer un «periodismo decente», distinto.

Le deseo toda la suerte del mundo a Periodismo Humano y a iniciativas similares, claro que sí. Pero en el fondo, lo mínimo que puedo recordarles es que Soitu cerró. Quizá deberíamos ser un público un poco más agradecido, y mimar un poco a esos medios donde los periodistas pueden trabajar y a pesar de eso, dormir por las noches.