Objeción de conciencia

A principios del cuatrimestre, tratamos en la asignatura para la que se está haciendo este blog el tema de la cláusula de conciencia en el ejercicio profesional del periodismo. En aquel momento, algunos compañeros alegamos que si bien era una posibilidad reconocida y codificada legalmente en la Ley Orgánica 2/1997, de 19 de junio, reguladora de la cláusula de conciencia de los profesionales de la información, en la práctica había que considerar hasta qué punto era posible acogerse a ella en la práctica, especialmente en un momento de crisis del periodismo, en el que no sobran los puestos de trabajo que se adecúan a la conciencia del profesional del sector.

En este momento, yo no tengo ninguna Ley Orgánica que me respalde, pero me voy a permitir el lujo de no escribir el post en que se me ha pedido que comente los blogs de mis compañeros (y que quien quiera consultar directamente, puede hacerlo a través de la barra derecha, en el blogroll «Compañeros de viaje»). Porque personalmente, lo considero un problema de conciencia en primer lugar: no siento que tenga ninguna autoridad, ni moral, ni académica, ni de ningún otro tipo, para comentar el trabajo de mis iguales. Desde un punto de vista pedagógico puedo entenderlo como una herramienta de involucrar al estudiante en el proceso de aprendizaje, pero, en tal caso, creo que lo adecuado sería hacerlo dentro del aula, en un espacio destinado al aprendizaje, y en la intimidad.

Un blog no es un espacio académico, decía una compañera hace unos días, porque no facilita la inclusión de citas bibliográficas. Estoy de acuerdo con ella, pero creo que no lo es por varios motivos más. Encuentro que uno de ellos es el de que es un espacio público, en el que nos exhibimos. Ello implica someternos a la posibilidad de ser juzgados, de acuerdo. Pero yo no quiero hacer uso de ese derecho con respecto al trabajo de mis iguales.

Un blog sí es una herramienta dialógica potentísima. Reconozco ese valor y he hecho uso de él, comentando en la mayoría de los espacios de mis compañeros las ideas que me han resultado más interesantes. Me gustaría que, si se quiere tener mi visión de su trabajo, se recurra al espacio de comentarios, que siempre será simbólicamente menos violento que una entrada específicamente evaluativa u opinativa.

No se trata sólo de formas. Por supuesto que podría hacer una entrada hagiográfica sobre mis compañeros, y no me costaría lo más mínimo, puesto que tengo la suerte de estar en un grupo que no sólo es variopinto sino increíblemente interesante. Por supuesto que, considerando que es un escrito público, sería cuidadosa con las formas y no tendría por qué faltar a nadie al respeto. Pero la conciencia moral es la conciencia moral (de esto saben mis compañeros más que yo), y no se trata de las circunstancias, sino del hecho en sí.

Dado que la ética blogger está todavía en proceso de construcción, procuremos hacerla nuestra. Y tal y como yo lo veo, nunca es tarde para recuperar a Kant.